domingo 2 noviembre 2008
Por Clemenvillo,
domingo 2 noviembre 2008 a las 21:14 :: Noticias - Actualidad
Un año más el personal de DirectNaranjas estamos trabajando para poder ofrecerles nuestras naranjas y mandarinas recien recolectadas, del árbol a su casa en horas.
Ya queda muy poco, apenas dos semanas, el día 18 de noviembre podrán recibir las naranjas y mandarinas, recien recolectadas. A partir del 11 de noviembre ya podrán empezar a realizar sus pedidos.
Estamos trabajando para poderles ofrecer las mejores naranjas y mandarinas, y el mejor servicio posible para que no haya ninguna incidencia, para que ustedes puedan disfrutar de las naranjas y mandarinas, recien recolectadas y en 24 horas en sus hogares.
En dos semanas, la variedad de naranja que se encontrará en su momento óptimo para el consumo será la "navelina", naranja muy dulce, con mucho zumo, muy agradable al paladar, y en mandarinas, la "clemenules", fácil de pelar, sin pepitas, muy dulce y de gran sabor.
El equipo de DirectNaranjas esperamos contar con ustedes un año más, estar a la altura de lo que ustedes se merecen y poderles ofrecer las mejores naranjas y mandarinas recien recolectadas y en horas.
Muchas gracias y hasta muy pronto.
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martes 8 abril 2008
Por Navelino,
martes 8 abril 2008 a las 23:42 :: Concursos
¡GRACIAS ABUELO!
Hola soy Jorge y soy un niño ciego, tengo 9 años y lo que más me gusta hacer es estar
con mis amigos, ellos no son ciegos y me ayudan en cuanto pueden.
Ellos no son los únicos que me han ayudado en mi vida para que pudiera hacerla más
normal, Mis padres, familia y ….… ¡las naranjas!
Os voy a contar una historia que hizo que las naranjas también me pudieran ayudar en
mi vida.
Ese día me recogió mi abuelo del colegio y me dijo que tenía una sorpresa muy grande
para mí.
¿Qué sería? Quizás fuera un balón para jugar con él, ó tal vez fuera un estuche con
pinturas para pintar la alegría que sentía dentro cuando todas esas personas me
ayudaban día a día.
Pero ninguna de esas cosas resultó ser el regalo que mi abuelo me había dicho. Al llegar
a casa me dijo que era y me quedé muy asombrado : ¿una caja de naranjas?
Si pues eso era exactamente lo que me dijo mi abuelo, yo comía todos los días por lo
menos una naranja puesto que mi médico me había dicho que eran muy buenas. Pero
nunca me había preguntado cómo eran las naranjas, como no las veía…, sabía que
nunca podía saber cómo eran, ó tal vez sí. …
Cogí una de la caja pero eso no me ayudaba para saber cómo era, pero en ese momento
sentí como si cogiera una pelota de beisbol. Me sentía un jugador de los Yankee`s un
equipo de beisbol que no se paraba de mencionar en mi colegio. Sentí como si todo el
poder estuviera en mis manos y entonces descubrí como eran por fuera las naranjas .
Mi abuelo me dijo que esa no era la única sorpresa si no que también me dijo que como
dentro de dos días iba a ser Semana Santa , la íbamos a pasar en una finca que èl tenía
en Valencia .
¡Qué bien me lo iba a pasar allí ! En la finca de mi abuelo había de todo : animales de
todo tipo (caballos , ovejas , perros…) también había plantado un huerto con tomates ,
cebollas, lechugas , árboles frutales naranjos, limoneros…y otras muchas cosas.
Estaba seguro de que allí me lo pasaría genial y además en el pueblo había muchos
niños y niñas para jugar con ellos.
El último verano que pasé allí entre mi abuelo y yo hicimos el huerto y además nació un
nuevo caballo (el que es ahora mi preferido) se llama Sultán y el abuelo dice que es
precioso, marrón con manchas blancas y corre como ningún otro caballo, así es como
dice mi abuelo .
Ese día nos levantamos muy temprano porque papá decía que igual cogíamos atasco y
mamá decía que si llegábamos tarde, los restaurantes para parar a tomar algo estarían
abarrotados. El caso es que cogimos las maleta y salimos de nuestra querida casa de
Madrid para ir a Valencia .
Cuando llegamos era mediodía y el abuelo nos recibió con una gran alegría. Al deshacer
las maleta entre todos , mi abuelo me dijo que si después de comer le podía ayudar en
un trabajillo, yo acepte sin dudarlo. ¿De qué se trataría?
Igual tenía que montar a Sultán para prepararle para alguna carrera puesto que yo nunca
lo había montado porque mis padres repetían una y otra vez : “Jorge, tú no puedes
montar a Sultán porque todavía eres pequeño y como eres ciego eso te impide ver si te
vas a caer y podría ser muy peligroso “
Igual habían cambiado de opinión y ya les parecía mayor .
Pero eso no era lo que me pedía el abuelo si no que le ayudara a recoger las naranjas de
los árboles. Como ya había accedido no había vuelta atrás y tenía que ayudarle.
El abuelo me dijo que antes tenía que llamar a un exterminador o algo así puesto que
había dicho que había una plaga de ratones en la buhardilla .
Al principio yo no sabía ir al campo de naranjas pero empecé a oler a algo, no sabía a
qué pero al final comprendí a que olía . a naranjas .
Seguí el olor hasta que oí la voz de mi abuelo, eso quería decir que había llegado al
campo de naranjas sin ningún problema .
Esta vez las naranjas me habían ayudado a agudizar mi olfato y desde entonces mi
olfato fue infalible .
Mi abuelo me dijo que le tenía que ayudar cuanto antes puesto que tenía muchos
pedidos de naranjas, entonces los dos nos pusimos manos a la obra .
Tardamos mucho, puesto que al hacer tanto calor había que hacer más esfuerzo, tras
haber llenado todos los sacos, cogimos un par de naranjas y nos fuimos a la cocina a
hacer unos zumos .
Estaban buenísimos al probarlos , sentí un frescor por mi cuerpo que me quitò la sed.
Notaba como si por mi garganta corriera el mas delicioso de los refrescos que he
probado en mi vida, una sensación única .
Mi cuerpo se llenò de alegría y mi gusto se convirtió en mas desarrollado , màs que el
de toda mi familia y mis amigos colegio .
Como ya era tarde y no tenía mucha hambre me fui a mi habitación directamente a
dormir .
Esa noche había ruidos por toda la casa y se me taponaron los oídos por completo . No
me conseguía dormir puesto que estaba muy molesto .
Así que decidí ir a tomar un vaso de agua y a comer un poco porque estaba empezando
a tener hambre .
Cuando baje a la cocina y bebí el vaso de agua abrí la nevera y eche un vistazo a que
había para comer .
Solo había naranjas, nada más así que pensé en volver a repetir en hacerme aquel zumo
de merienda tan bueno . Pero esta vez mi abuelo no exprimiría la naranja la tendría
que exprimir yo mismo .
Busque durante un rato el exprimidor y al final estaba en la encimera, lo cogí y partí la
naranja por la mitad la puse encima del exprimidor y el sonido de la naranja al caer el
liquido en el vaso era maravilloso . Sentía como si las cataratas del Niágara estuvieran
delante de mí, era como si me encontrara en Nueva York pero en verdad estaba situado
en la casa de mi abuelo en Valencia y mi oído se destaponó. Ahora puedo escuchar
hasta a mi amigo Angel que habla bajísimo.
La verdad es que aunque no pueda ver, las naranjas me han servido para agudizar mis
cinco sentidos y para que cada vez que me coma una me traiga muchos recuerdos, al
abuelo Pepe, a Sultán, la casa de Valencia, el placer de saborear la naturaleza y muchas
mas cosas,……………………
Jorge
Autora: Blanca Castelló Martínez.
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Por Navelino,
martes 8 abril 2008 a las 23:38 :: Concursos
BOLAS DE NARANJAS
-¿Queréis que os cuente una historia?..........
¡Vale......, Vale......!, ¡Ganan los SÍES!
-Un momento, voy a buscar los papeles que el otro día me llegaron...
-No sé quién me los envía, sólo me dicen que los mande a vuestra ciudad ya que sucedió muy cerca de donde vivís.
Héctor, Guille y Jose eran tres amigos, muy amigos, amiguísimos, como ellos decían. Vivían en el pueblo más blanco de toda la región, era tan blanco, que cuando nevaba, ¡no había pueblo!, Héctor decía que se "camuflaba", y en primavera, si te subías al mirador de la sierra, parecía una gran tarta de menta, con la nata por encima.
A José lo que más le gustaba, era el olor del verano, Guille le decía que el verano no olía.
-¡Sí que huele!, ¿no lo notas?
-Haber Jose, ese olor, no es del verano, viene..., de los árboles frutales del Sr. Juan.
-Pues en el invierno no huele así, seguía insistiendo Jose.
-¡Claro!, porque los árboles no tienen flores..., huele...pues a eso... a invierno.
-¡Lo ves!, tú también...
-¡Parad!, creo, que los dos tenéis razón, cada estación del año huele distinta... ¡Y ya está!, dijo Héctor un poquito serio, porque si seguían así no podrían jugar a las canicas.
Cuando estaban en lo mejor del juego, vieron al Sr. Esme que se acercaba a la puerta del Ayuntamiento, y pegaba un papel en el corcho de los anuncios.
-¡Vamos a ver que ha puesto!, dijeron los niños.
La gente ya se arremolinaba alrededor del corcho.
-¡Claro!, decía la Sra. Herminia, ¡si hoy es 30 de Agosto!, el Sr. Esme ya nos convoca a participar en sus concursos.
El Sr. Esme, era un agricultor muy respetado, no sólo en el pueblo, si no también en otros Pueblos de alrededor, era serio, pero muy amable con todos, y desde hacía muchos años,
preparaba pequeños concursos para realizar en el invierno.
El año anterior se trataba de buscar la piedra más bonita o rara que hubiese en el campo. Se puntuaba el color, forma y rugosidades. Ganó Lucía, con una piedra “volcánica", Guillermo decía que era igual a la que su mamá tenía para "rascarse" los talones.
Los tres amiguísimos, se acercaron a ver de qué iba este año el concurso.
-¡Vaya!, es para los mayores, dijo Héctor muy decepcionado.
-¿Qué pone?, preguntaba Guille atrapado entre dos sras., que no le dejaban ver.
-Ganará la persona que sea más rápida, pelando naranjas.
-¿Queeee?..., se asombró Guille, y... después, ¿que harán con tantas naranjas peladas?
-También habrá premio, para quién haga con ellas la mejor mermelada.
-Mi mamá..., mi mamá… ¡seguro que gana!, siempre hace la mejor, decía Jose atropelladamente.
-Sí, todo esto está muy bien, pero... y para los niños ¿no hay nada?, preguntaba Guille enfadado.
-Bueno..., nosotros podremos estar al lado de nuestros papás… ¡pasándoles las naranjas!, contestó Jose muy satisfecho.
-¡Pues vaya cosa!
-¡Pues es verdad!, decían al unísono Guille y Héctor.
Hubo un gran silencio entre ellos, roto por Jose, mejor dicho, por sus tripas, que sonaban como una "carraca".
-Será mejor que nos vayamos a comer, dijo llevándose las manos a la barriga...
Y entre juegos, deberes, enfados y alegrías..., llegó Diciembre, el concurso del Sr. Esme y lo mejor ¡la Navidad!
Pero un suceso vino a enturbiar esa alegría, el almacén del Ayuntamiento ¡ardió! Cuando se enteraron los amiguísimos, les faltó tiempo para ir a ver. La verdad es que en el pueblo casi nunca pasaba nada, y esto era una novedad.
-¡Cómo huele!, dijeron los tres.
-¡A mí, me da pena!, decía José
-¿Por qué?
-Mi padre dice que se han quemado muchas cosas que hacen falta, y con la nevada que hay, la carretera está cortada, y no se podrán reponer en un tiempo.
Al día siguiente en el salón del Ayuntamiento, el Sr. Alcalde contó a los vecinos lo más triste.
-Los adornos que cada año ponemos a nuestro querido árbol, ¡se han quemado!, refiriéndose a la tradición que tenía el pueblo de adornar el pino centenario que estaba en el centro de la plaza.
-¡Pues iremos a comprar unos nuevos!, decían unos.
-Le quitaremos adornos a nuestros árboles, decían otros.
Todos daban ideas, pero no se ponían de acuerdo.
-El sábado nos reuniremos aquí, hasta entonces, pensad algo, dijo el Sr. Alcalde.
Los tres amigos, acordaron juntarse, después de hacer los deberes, en la casa de Guille, y buscar una solución.
Fausti, la mamá de Guille, les preparó una buena taza de chocolate, acompañada con los bizcochos hechos por Lina, la mamá de Héctor, Griselda llevó su famosa mermelada de naranjas.
-Podríamos adornarlo con cartulinas de colores, decía Guille.
-¡Sí!, y cuando llueva o nieve, ¿qué?..., se mojarán y se romperán, contestó Jose.
-Pues yo creo...
Así se pasaron la tarde, y no lograron encontrar una idea que les gustase a los tres.
Al día siguiente se volvieron a juntar.
-¿Se os ha ocurrido algo?, preguntó Guille.
-¡A mí sí!, dijo Jose muy entusiasmado, el pobre se había pasado toda la noche, dándole vueltas a su idea.
-¿Qué?
-¡Naranjas!
-¿Comoooo?...
-Sí, sí, ¡na-ran-jas!
-¡Ya te hemos oído!, pero explícate
-Hacen falta bolas, ¿verdad?
-Sí
-Pues los adornos de Navidad serán, "bolas de naranjas".
-¡Anda ya!, contestó Héctor.
-¡Eso es imposible!, le seguía Guille, en vez de un pino, parecerá... ¡un naranjo!, ¡se reirán de nosotros!
-También lo tengo pensado..., iban a pelar naranjas para el concurso..., pues en su lugar, le diremos al Sr. Esme, que ¡dibujen en la corteza! y que gane la más bonita..., además..., en este concurso, todas servirán, pues con ellas adornaremos el pino
-¿Pero, en la corteza no se puede dibujar?
-Sí... veréis..., nosotros los niños, no podemos porque el dibujo al que yo me refiero se tiene que hacer con un pelador, o una navaja, así, y les dibujó como quedaría.
-Se ve el blanco que hay debajo de la corteza..., si se pudiera dar color a las rayitas, quedarían ¡preciosas!, añadió Guille, al que ya no le parecía tan descabellada la idea de su amigo.
-¿Y si utilizamos pinta uñas?, un día vi a mi prima, como se pintaba unas zapatillas, dijo Héctor muy seguro.
-No sé, eso, mejor que lo digan los mayores…, bueno..., suponiendo que les guste nuestra idea.
El sábado fueron los primeros en llegar. Guille les dio un codazo a sus amigos para advertirles que dos bancos más atrás, estaba el Sr. Esme.
-¡Que bien! ¡Ha venido!, así nos oirá, dijo Jose.
Cuando todo el salón estuvo lleno, llegó el Sr. alcalde y empezó a escuchar las propuestas, pero seguían sin encontrar una buena.
-¡Venga, levántate!, decía Héctor muy bajito.
-¡Me da vergüenza!
-Pues como no lo digas ahora, creo, que esto ya se acaba, ¡mira!, el Sr. alcalde ya se va.
Entonces Jose se levantó muy decidido...
-¡Sr. alcalde!, nosotros tenemos una idea.
-Sí, pues cuéntala.
-Se trata... se trata..., no se atrevía.
-¡Vamos!, le animaba por lo bajo Guille.
-Podemos adornar el árbol con bolas, pero... con bolas de... ¡naranjas!
Hubo un gran silencio en todo el recinto, no sabían si reírse, o esperar a que el Sr. alcalde lo hiciera primero. Pero a él no le parecía de risa lo que aquel niño decía.
-Explícanos mejor vuestra idea.
Jose les contó todo, e incluso les enseñó el dibujo. Cuando acabó, vieron como el Sr. Esme se levantaba y empezaba a aplaudir, los demás le siguieron..., eso bastó para darse cuenta, que todos estaban de acuerdo.
¡Que alegría sentían!, el Sr. Esme, se comprometió a escribir esa misma noche las bases del nuevo concurso, y el Sr. Francisco que tenía muy buenas manos para el bricolaje, se ofreció a hacer la estrella, todos se asombraron, pues dijo que la haría ¡con la madera de las cajas de naranjas!, después, la pintaría con pintura de coches para que durase muchos años.
Y por fin llegó el día 21, los amiguísimos estaban allí pasándoles a sus papás las naranjas, y ya no les parecía tan aburrido hacerlo, ¡estaban deseosos de ver el resultado!
Cuando los concursantes terminaron y después de verlas el jurado, adornaron el árbol. El Sr. maestro le hizo muchas fotos para enseñarlas por Internet.
A continuación hubo una fiesta, especialmente hecha para los amiguísimos, que con su tesón, habían logrado que su pueblo empezara La Navidad como cada año, con su querido pino adornado. Todos aprendieron que los niños, a veces con sus ideas nos pueden ayudar.
-Y colorín, colorado, ¿tú crees que esta historia, ha terminado?...
-¡El ganador es!..., ¡Lucía!
-¡Vaya!, ¡otra vez ganó!..., pero si su bola parece un..., ¡casco tuneado!..., decía....
Autora: Beatriz García Naharro.
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